La
Unión Católica de Informadores y Periodistas (UCIP
de España) es una asociación privada de profesionales
de la información y de la comunicación que, a tenor
del artículo 2 de sus Estatutos, en el que se desarrollan
sus fines, asume y propone que se tengan en cuenta, en la práctica
profesional de sus miembros, los valores del Evangelio y los principios
configuradores del humanismo cristiano, con especial insistencia
en la defensa de la dignidad de la persona, los derechos humanos
y la libertad religiosa.
El
marco de la actuación profesional de los miembros de la
UCIP-E se desarrollará en la aceptación de las siguientes
proposiciones éticas, en la clave de derechos y deberes:
·
El derecho a la información y a la comunicación
considerado como un derecho fundamental, a toda persona y de cada
comunidad y de cada pueblo.
·
La obligación de respetar y promover el derecho de toda
persona y de todo pueblo, a una información objetiva y
veraz.
·
La consideración de la información como un bien
irrenunciable y no sólo como una simple mercancía.
·
La obligación de integridad, sinceridad y libertad en el
ejercicio de su profesión, en coherencia con su público
a la información y su participación en los medios.
·
La obligación de respetar el derecho de las personas a
la intimidad, a la vida privada y a la dignidad, que conlleva
la interdicción de la difamación, la calumnia, la
injuria, la ofensa y la insinuación mal intencionada.
·
La obligación de respetar todas las culturas.
·
Y la prohibición de toda complicidad con cualquier forma
de violencia, odio o discriminación, favoreciendo toda
comunicación a favor de la solidaridad y de la paz.
El carácter confesional
católico de la asociación, junto con la ineludible
competencia profesional de sus miembros, implica, desde el presupuesto
de la necesaria coherencia fe-vida, la defensa de los principios
doctrinales y morales de la Iglesia. Especial relevancia tendrá
la defensa de la vida humana desde el momento de su concepción
cristiana del matrimonio, de la familia y de la sexualidad. El
quehacer profesional de sus miembros tendrá muy presente
la concepción de la dignidad de la persona humana y de
la sociedad, abiertos a la trascendencia y enriquecidos por la
conciencia moral que emana del seguimiento de Cristo. No se olvidarán
en el ejercicio de la defensa de los más pobres y desfavorecidos,
o los privados de libertad.